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El baúl de los recuerdos

jueves, 12 de febrero de 2009


En lo alto de una casa grande, de dos plantas, ubicada en la ciudad; se encuentra un cuarto que esta siendo utilizado como bodega. En ese cuarto entre muebles viejos, adornos antiguos, ropa sin usar y polvo; se encuentra un baúl lleno de recuerdos y juguetes olvidados. Juguetes que pasaban los días llenos de tristeza y melancolía por el olvido del que eran victimas por su dueña Nohemy.

Tata, una muñeca regordeta de 75 centímetros de altura, era la más grande de todos los juguetes, entre los que estaban Pum pum, un carrito amarillo, Dino, estegosaurio verde con 10 figuras geométricas en su panza; y Chico Lillo, peluche de la película animada “Chicken Little”.

Un día normal, lleno de silencio, se vio interrumpido por el sonido de una puerta tosca y desaceitada, acompañado por las voces de los padres de su dueño.

- ¡Qué emoción, Alberto! No puedo creer que todo esto vaya a servir de nuevo- dijo la madre de la niña.
- Sí cariño. Muy pronto todo esto tendrá un nuevo dueño.

Esta platica lleno de zozobra y angustia a los juguetes. Unos estaban contentos, mientras que otros tristes y miedosos.

- ¿Qué te pasa Tata? – Pregunto Julián, un oso con poco uso - ¡Alégrate! Qué no ves que vamos a tener a un nuevo dueño, que vamos a cumplir nuestro fin y que animaremos la vida de ese niño.
- No, Julián. Esa oportunidad sólo es para los que casi no han sido utilizados, pero yo que ya estoy vieja y sucia, nadie se fijará en mí. Además, Nohemy me hará falta…
- ¿Falta?- interrumpió Julián - si tenemos meses de no verla, y con respecto a tu vejez, es justo porque siempre fuiste la preferida a pesar de ser de material duro. Ya es hora que nos den nuestro lugar a los que, esa niña malcriada, no hizo caso.

A los meses Alberto y otros hombres entraron y sacaron varios muebles, entre los cuales iba un cuna, un porta bebé, un coche y un bolso lleno de ropa.

- ¿Pero qué pasó?- dijo Ball, una pelota plástica azul con círculos blancos- ¿y nosotros? ¿qué no ven que somos lo que más necesitan los niños, para un buen desarrollo mental?
Mientras que al fondo Tata permanecía callada y cabizbaja.

Con el pasar de los días esa actitud de ansia crecía en los juguetes menos utilizados, mientras que en los otros sólo pedían poder ver por última vez a Nohemy.

Un 16 de Enero desde muy temprano se escuchaba mucho movimiento en la casa, cuando de pronto, a las 9:30 de la mañana, se escuchó un llanto. Todos los juguetes se inquietaron unos se preguntaban quién era, mientras que otros peleaban por el sexo del bebé.
Pasaron muchos meses con la duda, hasta que un día el baúl se empezó a mover y de pronto Alberto lo abrió. Todos los juguetes estaban contentos porque vieron el techo de la sala, algo que a muchos se les había olvidado como era.

Rebeca, la madre de las niñas, empezó a sacar juguetes y se los enseñaba a Montserrat, la hermanita menor de Nohemy. Tuvo preferencias por tres, Paola, una muñeca de cabello castaño, Music, un mini piano de colores, y Alò, un celular celeste que sonaba al apretarle los botones.
Efectivamente Julián tenía razón, tuvo preferencia por los más nuevos, pero para su desgracia no fue elegido y paso su vida en el baúl.
Pero de pronto se escuchó un motor seguido por pasos agilizados que se acercaban cada vez más. Era Nohemy, dos años después que cuando la habían visto por última vez, se detuvo cuando vio todos sus juguetes y al igual que antes tomó sus tres juguetes preferidos y volvió a jugar con ellos todas las tardes después del colegio, como cuando tenía tres añitos.

Decalogo de mi vida


1. No le hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran a ti.
2. Regala siempre una sonrisa, no sabes a quien le puedes alegar el día.
3. Nunca está demás saber valorar todo lo bueno que hay en ti, explotar tus virtudes será fundamental para tu estabilidad personal.
4. Si piensas en el futuro hazlo con cautela, Pues puede enfermarte, acosarte y quitarte la paz interior.
5. Da todo lo que puedas, No te fijes si el otro te dio menos o lo mismo. Gratifícate con la alegría de haber dado.
6. Sepulta los malos momentos vividos, bórralos si quieres, pero utiliza la experiencia adquirida, Para no volver a cometerlos y caer otra vez en la misma.
7. No quedarse anclado en el, sino hay que vivir en el aquí y ahora como si cada instante fuera el primero y el último.
8. Saber que la muerte es su destino y que nada se llevará con ella; por lo tanto se tiene que considerar todo lo material como algo pasajero, sin apegos y estar presto a compartirlo alegremente.
9. Comunicar estados de ánimos y problemas para que amigos y familia que se encuentran en el exterior de él, ayuden a encontrar una solución.
10. Enfrentarse a los miedos.

La enfermedad más grave y antigua de la sociedad

martes, 10 de febrero de 2009

El machismo, a pesar de que nos encontramos en una época avanzada tecnológicamente y con pensamientos modernos, no deja de existir en la mayoría de hombres.
Esta característica se ha creado en las diferentes culturas por la necesidad de la sociedad de mantener inconscientemente una ideología y continuar un orden social ya existente.

El machismo se mantiene en práctica desde la familia y la escuela, en el que indirectamente le enseñan a la mujer a ser sumisa con su marido y la procreación como una forma preferente de autorrealización.
Pero también se pueden ver ejemplos de machismo en países de predominio musulmán, en los ortodoxos judíos, en el hinduismo, y hasta en La Biblia de la religión Católica se encuentran expresiones que son consideradas como machistas; por ejemplo, cuando dice “la esposa de Noé", "las hijas de Lot", "la suegra de Pedro", que son interpretadas como un indicio de posesión, lo cual se acentúa al no mencionar el nombre de estas mujeres.

El machismo también es un generador de violencia y en América Latina entre el 30% y el 60% de las mujeres son maltratadas por un hombre, a pesar de que esta cifra es muy irreal porque la mayoría de mujeres no se atreven a denunciar a su agresor.

Pero no solo los hombres tienen la responsabilidad de que nos encontremos en una sociedad machista, las mujeres tenemos mucho que ver en esto.
Una madre es responsable si un niño crece pensando que el oficio de una casa es exclusivo para el género femenino.
La sociedad cuando únicamente a las madres adolescentes señalan como tontas e irresponsables, cuando un niño para ser concebido necesita también de un hombre.
La mujer, si le permite a la pareja pasar sobre ella en sus derechos, deberes o pensamientos.

Hay personas que no aceptan nuestra sociedad como machista, pero a diario nos podemos encontrar con ejemplos de esta característica. Cuando por las mañanas, en la casa, la que prepara el desayuno y demás oficio es mamá y no papá; cuando se asiste a una entrevista de trabajo y un hombre es tomado con más importancia que una mujer, razón por la cual hay más porcentaje de mujeres desempleadas que de hombres; cuando en el noviazgo hay reglas que solo puede romper el hombre, cuando en casa el hijo puede salir cuando y donde quiera y la hija tiene restricciones y hora límite, etc.

Hasta la naturaleza ha sido injusta con nosotras las mujeres, somos las que sufrimos dolores mensuales porque el cuerpo femenino se mantiene en desarrollo, somos las que aguantamos los cambios hormonales y dolores de espalda durante nueve meses de embarazo, las que sufren el dolor de un parto, las que sufren el dolor de los pechos por darle un mejor crecimiento y salud a sus hijos y las únicas que aguantan las bofetadas de la familia si ese niño sale mal en sus prospectos de vida.

Por eso, a diario las mujeres lidiamos y aguantamos nuestro entorno machista, tratando que nos vean y valoren por nuestras cualidades y capacidades como ser humano y no como una mujer limitada por su género. ¿Cuándo será el día que nuestra sociedad se curará de esta enfermedad o que se encuentre una medicina que nos ayude a sobrellevarla?

La niña más bella

viernes, 6 de febrero de 2009

Acababa de sufrir una pérdida. Mi tía bisabuela murió ocho días después de su cumpleaños número 82.
El 14 de febrero del 2004 me mandó, para calmar mi tristeza a un angelito. Durante el rezo vi entrar a un hombre perteneciente a mi familia, con una nena de un año en sus brazos. “Es muy linda”, pensé, no sé si porque de verdad lo es o porque me encantan los niños. Jugué con ella durante las dos horas que estuvo en mi casa.
Al llegar la hora de su partida, me empecé a poner muy triste, pero solo me quedaba pedir que volviera.
La última semana de febrero llegó de vuelta en brazos del mismo hombre, acompañada por una mochila llena de ropa de niña.
“¡Sorpresa!, Naye vivirá aquí de hoy en adelante”, me dijo el padre de la niña. Mi cara representaba admiración, pero mi corazón, a mil por hora, alegría.
Pasaban los días y cada vez me encariñaba más con esa niña de ojos grandes, rizos negros y piel dorada.
Vivíamos con mi abuela y mi hermana, que por su salud y la universidad se les hizo muy difícil cuidar de ella desde el principio. Así que yo, sin nada de molestias, me he dedicado a ella a pesar de mis obligaciones.
Han pasado 3 años y 11 meses desde que llegó a mi vida. Le he enseñado a hablar, a caminar, a comer sola, a contar, a leer y muchas más. Ha sido alegre ver avanzar como persona a la niña que más amo en el mundo, pero triste ver sus fracasos porque los he sentido como míos.
Ha ido creciendo física, psicológica, mentalmente; su organismo fue cambiando y creciendo más de lo normal con respecto a su edad. Recuerdo una de tantas veces que se enfermó. Tenía un año y medio y la enfermera pensó que tenía dos porque su estatura y peso correspondía a la de una niña de dos.
Hemos visitado muchas veces el hospital, porque cuando nos la entregaron en ese año de vida transcurrido, habían pasado muchas dificultades que afectaron su desarrollo, causándole traumas psicológicos y físicos.
Antes de llegar a vivir a mi casa, carecía de amor, cariño, cuidados y atenciones. fue maltratada por su madre que en vez de cuidarla se la dejó a su madre, la abuela de la niña, la cual por pocos recursos económicos tuvo que entregársela a mi tío, su padre, el hombre que la trajo a mi casa, no por las razones de la madre ni de la abuela, sino por sus horarios de trabajo.
Ha padecido muchas enfermedades urinarias y de la piel. Era muy nerviosa y costó que aprendiera a caminar y dormir sin tener sustos y saltos a medio sueño, ocasionados por la influencia de su pasado.
Hoy en día tiene 6 años. Hemos disfrutado de momentos lindos, tristes y alegres, que estoy segura que no olvidaré ni perdiendo la memoria. Un día si nos separamos, esos recuerdos serán el tesoro y la paga que guardaré en mi mente y mi corazón. Su primer rizo cortado, colgado del espejo de mi cuarto es lo que me hace recordar y sentirme satisfecha de mí misma por haber ayudado y crecido como persona junto a mi prima favorita: Nayeli.

El encuentro con una rosa

jueves, 5 de febrero de 2009

Iba caminando y me encontré con una rosa recién regada. Vi sus pétalos abiertos, con un rojo muy intenso, gotas de agua que resaltaban su hermosura y un tallo alto que me incitaba a acercarme para sentir su dulce aroma.

En el momento que la vi me dije, “¿por qué nadie me regala algo tan lindo para demostrarme su cariño?, me encantaría recibir una rosa tan linda como esta y guardarla con el mismo amor con el q me la regalaron, para que cada vez que la vea…”mi mente se quedó en blanco y ya no quise seguir con la idea, porque me imagine la misma rosa en medio de mi libro favorito; la rosa ya no estaba igual, estaba marchita y sin olor; lo que hizo que me preguntará por qué hay hombres que matan una rosa para demostrar la existencia de un amor y por qué hay mujeres, como yo, que lo desean.

Regresé a mi casa, no dejaba de pensar lo que me acababa de ocurrir, me consideraba tonta y no encontraba respuesta para un hecho tan cruel; no sabía que hacer, me sentía responsable y quería cambiar la tradición, pero por más que pensaba no se me ocurría una respuesta, para que cuando llegara el momento en que alguien me regalara una rosa, no dejarla marchitar.

Me di por vencida y decidí seguir con mi rutina diaria. Luego de un par de horas, vi en el televisor un programa sobre animales en extinción, en la que mencionaban que unos cuantos de esos animales, eran bellos pero no para mascotas, o tan solo que sea mantuviera en un hábitat parecido al de su origen. Al escuchar esa frase pensé en la solución; “cuando llegue el momento en que un hombre, sin conciencia, me regale una flor para demostrarme su cariño; la sembraré en una mi jardín, para que la flor no muera y que en efecto cada vez que la vea, me recuerde del amor que me tiene o que en algún momento me tuvo.
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Ahora cada vez que veo una rosa tan linda como la de aquella vez pienso, “¿por qué nadie me regala algo tan lindo para demostrarme su amor o cariño?, me encantaría recibir una rosa tan linda como esta y guardarla con el mismo amor con el que me la regalaron, para que en toda ocasión que la vea florecer cada más, cuide con el mismo entusiasmo la razón por la que me la regalaron”.




Pequeña, pero con sentimientos


No podía conciliar el sueño, pensaba y pensaba el porqué del comportamiento de mi madre, pero apenas tenía 4 años, no podía saber la razón específica.
Lloré mucho, no sabía la razón, pero tenía una pena en el corazón que no me dejaba tranquila. Después de tanto llanto, me quedé dormida y soñaba todas las cosas bonitas que hasta el momento había pasado con mi madre.
No me gustaba despertar y ver cómo ella se iba a trabajar, prefería hacerme la dormida, sentir su beso de despedida y esperarla con muchas ansias para que llegara por la noche.
La mañana siguiente, escuché sus movimientos por toda la casa y me pregunté por qué trabajaría domingo. Oía como sus pasos se acercaban a mí, sentí su beso y una lágrima caer en mi mejilla, era un beso muy profundo, que me dejó igual o peor que la noche anterior. Salió de mi cuarto, dejando que solo la cortina nos dividiera.
Su beso de las mañanas me dejaba tranquila y me hacía dormir hasta con más inspiración, pero el de ese día me llamaba a levantarme y encontrarme con la respuesta a todo ese presentimiento que venía desde la noche anterior.
Seguía acostada sin saber que hacer. Me senté, pero mi cuerpo era vencido por el sueño, aunque mi corazón quería y sabía que tenía que salir.
En la lucha conmigo misma, me volvía acostar, pero ahora al otro lado de la cama. Mi vista quedó en la tela blanca que tapaba el marco de la puerta. Baje la mirada por el largo de la cortina, poco a poco hasta ver el suelo de la sala. Vi las pantorrillas de mi madre, con unos tacones de oficina, eran muy bonitos, pero los opacaba tanta maleta negra que los rodeaba.
Las maletas parecían estar aferradas al suelo, era por el peso que tenían. En un momento se despegaron del suelo, mi madre las levantaba.
En mi cabeza pasaban muchas ideas, cerré los ojos porque mi mami iría a levantarme para llevarme con ella, ella no se iría sin mí.
Pasaron aproximadamente dos minutos, me estaba empezando a desesperar, pues no entraba por mí, así que me senté y decidí salir para que al verme me llevara, si no lo tenía pensado así.
Me puse mis pantuflas, caminé hacía la puerta, salí y no la vi. En el sillón estaba mi abuela con mi hermana mayor dormida en sus piernas, se asustó al verme, como si me ocultase algo. Mi corazón latía cada vez más rápido, tenía un mal presentimiento.- ¿Dónde está mi mami?- pregunté. Los ojos de mi abuela se llenaron de confusión y miedo. – Ya se fue- respondió.
Por mi mente pasaron muchos recuerdos de momentos en que mi madre me insinuaba hacer un viaje, y siempre contestaba con ruegos que jamás dejara mi vida sin ella.
Reaccioné, salí de la sala, subí corriendo la gran cantidad de gradas que llevan a la puerta de salida. Salí y no había nadie, miré hacía los dos extremos de la calle y en la esquina doblaba un taxi que ha alejado de mí a mi madre por más de dieciséis años, pero que ha servido para irme formando como persona y una mujer con estudios, como mi madre siempre lo soñó, y que está cumpliendo gracias a su esfuerzo y trabajo en el exterior.