No podía conciliar el sueño, pensaba y pensaba el porqué del comportamiento de mi madre, pero apenas tenía 4 años, no podía saber la razón específica.
Lloré mucho, no sabía la razón, pero tenía una pena en el corazón que no me dejaba tranquila. Después de tanto llanto, me quedé dormida y soñaba todas las cosas bonitas que hasta el momento había pasado con mi madre.
No me gustaba despertar y ver cómo ella se iba a trabajar, prefería hacerme la dormida, sentir su beso de despedida y esperarla con muchas ansias para que llegara por la noche.
La mañana siguiente, escuché sus movimientos por toda la casa y me pregunté por qué trabajaría domingo. Oía como sus pasos se acercaban a mí, sentí su beso y una lágrima caer en mi mejilla, era un beso muy profundo, que me dejó igual o peor que la noche anterior. Salió de mi cuarto, dejando que solo la cortina nos dividiera.
Su beso de las mañanas me dejaba tranquila y me hacía dormir hasta con más inspiración, pero el de ese día me llamaba a levantarme y encontrarme con la respuesta a todo ese presentimiento que venía desde la noche anterior.
Seguía acostada sin saber que hacer. Me senté, pero mi cuerpo era vencido por el sueño, aunque mi corazón quería y sabía que tenía que salir.
En la lucha conmigo misma, me volvía acostar, pero ahora al otro lado de la cama. Mi vista quedó en la tela blanca que tapaba el marco de la puerta. Baje la mirada por el largo de la cortina, poco a poco hasta ver el suelo de la sala. Vi las pantorrillas de mi madre, con unos tacones de oficina, eran muy bonitos, pero los opacaba tanta maleta negra que los rodeaba.
Las maletas parecían estar aferradas al suelo, era por el peso que tenían. En un momento se despegaron del suelo, mi madre las levantaba.
En mi cabeza pasaban muchas ideas, cerré los ojos porque mi mami iría a levantarme para llevarme con ella, ella no se iría sin mí.
Pasaron aproximadamente dos minutos, me estaba empezando a desesperar, pues no entraba por mí, así que me senté y decidí salir para que al verme me llevara, si no lo tenía pensado así.
Me puse mis pantuflas, caminé hacía la puerta, salí y no la vi. En el sillón estaba mi abuela con mi hermana mayor dormida en sus piernas, se asustó al verme, como si me ocultase algo. Mi corazón latía cada vez más rápido, tenía un mal presentimiento.- ¿Dónde está mi mami?- pregunté. Los ojos de mi abuela se llenaron de confusión y miedo. – Ya se fue- respondió.
Por mi mente pasaron muchos recuerdos de momentos en que mi madre me insinuaba hacer un viaje, y siempre contestaba con ruegos que jamás dejara mi vida sin ella.
Reaccioné, salí de la sala, subí corriendo la gran cantidad de gradas que llevan a la puerta de salida. Salí y no había nadie, miré hacía los dos extremos de la calle y en la esquina doblaba un taxi que ha alejado de mí a mi madre por más de dieciséis años, pero que ha servido para irme formando como persona y una mujer con estudios, como mi madre siempre lo soñó, y que está cumpliendo gracias a su esfuerzo y trabajo en el exterior.
Lloré mucho, no sabía la razón, pero tenía una pena en el corazón que no me dejaba tranquila. Después de tanto llanto, me quedé dormida y soñaba todas las cosas bonitas que hasta el momento había pasado con mi madre.
No me gustaba despertar y ver cómo ella se iba a trabajar, prefería hacerme la dormida, sentir su beso de despedida y esperarla con muchas ansias para que llegara por la noche.
La mañana siguiente, escuché sus movimientos por toda la casa y me pregunté por qué trabajaría domingo. Oía como sus pasos se acercaban a mí, sentí su beso y una lágrima caer en mi mejilla, era un beso muy profundo, que me dejó igual o peor que la noche anterior. Salió de mi cuarto, dejando que solo la cortina nos dividiera.
Su beso de las mañanas me dejaba tranquila y me hacía dormir hasta con más inspiración, pero el de ese día me llamaba a levantarme y encontrarme con la respuesta a todo ese presentimiento que venía desde la noche anterior.
Seguía acostada sin saber que hacer. Me senté, pero mi cuerpo era vencido por el sueño, aunque mi corazón quería y sabía que tenía que salir.
En la lucha conmigo misma, me volvía acostar, pero ahora al otro lado de la cama. Mi vista quedó en la tela blanca que tapaba el marco de la puerta. Baje la mirada por el largo de la cortina, poco a poco hasta ver el suelo de la sala. Vi las pantorrillas de mi madre, con unos tacones de oficina, eran muy bonitos, pero los opacaba tanta maleta negra que los rodeaba.
Las maletas parecían estar aferradas al suelo, era por el peso que tenían. En un momento se despegaron del suelo, mi madre las levantaba.
En mi cabeza pasaban muchas ideas, cerré los ojos porque mi mami iría a levantarme para llevarme con ella, ella no se iría sin mí.
Pasaron aproximadamente dos minutos, me estaba empezando a desesperar, pues no entraba por mí, así que me senté y decidí salir para que al verme me llevara, si no lo tenía pensado así.
Me puse mis pantuflas, caminé hacía la puerta, salí y no la vi. En el sillón estaba mi abuela con mi hermana mayor dormida en sus piernas, se asustó al verme, como si me ocultase algo. Mi corazón latía cada vez más rápido, tenía un mal presentimiento.- ¿Dónde está mi mami?- pregunté. Los ojos de mi abuela se llenaron de confusión y miedo. – Ya se fue- respondió.
Por mi mente pasaron muchos recuerdos de momentos en que mi madre me insinuaba hacer un viaje, y siempre contestaba con ruegos que jamás dejara mi vida sin ella.
Reaccioné, salí de la sala, subí corriendo la gran cantidad de gradas que llevan a la puerta de salida. Salí y no había nadie, miré hacía los dos extremos de la calle y en la esquina doblaba un taxi que ha alejado de mí a mi madre por más de dieciséis años, pero que ha servido para irme formando como persona y una mujer con estudios, como mi madre siempre lo soñó, y que está cumpliendo gracias a su esfuerzo y trabajo en el exterior.



2 comentarios:
Los lazos más fuertes son con nuestras madres. Lindo texto me gusto mucho. bueno, me encanta. Sigua así. Saludes...
Tu texto hace llorar a cualquiera, se nota que lo escribiste con el corazón. Muchas personas tienen a su madre cerca pero no la valoran. Espero que tu y tu madre se vean pronto y disfruten de la vida juntas.
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